
Todo pasó tan rápido que apenas pude darme cuenta de lo que sucedía al sentir que mi cuerpo era arrastrado con violencia y escuchar la algarabía de aquella turba que había irrumpido en mi lugar secreto.
Lo que más me dolía no eran los pies lastimados por las piedras del
camino, ni los empujones, ni los tirones de

