El salmo 33 inicia prácticamente con las mismas palabras con que finaliza el salmo 32 siendo este un canto de acción de gracias de quien reconociendo que había pecado confesó sus transgresiones e inmediatamente fue perdonado. Y nos convida a que alabemos juntos al Dios que perdona: "¡Alégrense, ustedes los justos; regocíjense en el Señor..." O lo que es lo mismo: Alégrense, giren, dancen (salten de alegría) en lugar de sentirse culpables.
Por su parte el salmo 33 presenta otra razón por la cual debemos alabar a Dios y brincar de alegría: podemos vivir confiados.
La alabanza es propia de los hombres (y mujeres) rectos (NBJ)
Aquellos que a los ojos de Dios caminan en integridad tienen las sagradas escrituras como su regla de fe y conducta. El primer salmo de la Biblia hace la diferenciación entre el sendero y final dichoso de quienes viven conforme a la Palabra de Dios y el camino y destino eterno de quienes pretenden vivir ignorándola. "La adoración a Dios es una experiencia gozosa. A los que están bien con Dios (únicamente a ellos) les deleita la alabanza" (CBMH).
Alabar, aclamar, cantar alegres un nuevo canto
Alabar significa celebrar, glorificar, cantar, alardear. El salterio concluye exhortando a "todo cuanto respira" alabar a Dios (Salmo 150:6). El llamado incluso es para la creación (el cosmos): "¡Alégrense los cielos, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto encierra... griten de gozo los árboles del bosque..." (Salmo 96:11 NBJ). Sin embargo Dios busca en esencia a "los verdaderos adoradores" (Juan 4:23).
La invitación es a aclamar (voz de júbilo, grito de guerra) y cantar a Dios con alegría. Vemos lo primero por primera vez en Levítico 9:24 con ocasión de la consagración del ministerio sacerdotal de Aarón y sus hijos, después de caer fuego del cielo que consumió el holocausto: "al ver esto todo el pueblo prorrumpió en gritos de júbilo y cayó rostro en tierra" (NVI). Alabar a Dios (Yadah: dar gracias, loor y alabanzas) se encuentra por primera vez en Génesis 29:35 con motivo del nacimiento de Judá.
Cantadle un cántico nuevo parece sugerir un nuevo acto salvífico de Dios en favor de su pueblo que motivaba una nueva canción. Si las misericordias del Señor son nuevas cada mañana (Lm. 3:23) y cada día estamos siendo transformados (2 Co. 3:18) porque él está perfeccionando su buena obra en nosotros (Fil. 1:6), siempre debe haber un canto haciendo alarde de lo que Dios hizo. Anticiparnos en nuestra cotidianidad al momento escatológico en que se entonará "aquel himno supremo que los abarca todos y que rompe y sobrepasa la categoría de tiempo y espacio" (Kraus) cuando toda la creación se sume envuelta en las notas celestiales de un cántico nuevo al divino Cordero (Ap. 5:8-14). Entre tanto que llega ese día "hacedlo bien" (v. 3). ¡Que no cuelguen nuestras arpas enmohecidas y enmudecidas en los sauces de Babilonia! (Salmo 137:2).
Alabanza a Dios por lo que él es y lo que hace
El lenguaje de una persona denota su carácter. Suele decirse 'fulano es hombre de palabra' o la expresión 'si él o ella lo dice hay que tenerlo en cuenta'. Salmos 33:4-9 expone las razones por las que hay que tributar a Dios alabanzas con instrumentos de música, sonido de júbilo y canciones: "Porque él habló, y todo fue creado; dio una orden, y todo quedó firme" (v. 9 BAD).
El salmista exalta el portento de su voz creadora y asimismo se apresura en poner de relieve que su palabra es recta (fiel, fidedigna) y toda su obra está fundada en la verdad pues Dios ama la justicia y el derecho (v. 5 NBJ), además "llena está la tierra de su amor" (NVI). "Venid aquí, astrónomos, geólogos, natularistas, botánicos, químicos, mineros, sí, todos los que estudiáis las obras de Dios, porque lo que tenéis que contarnos confirma esta declaración" (Charles Spurgeon). Tal es el carácter del Dios creador.
¿Cómo encaja semejante afirmación frente a lo que vemos y leemos a diario en noticieros y redes sociales o tiene lugar incluso a pocos pasos de nuestra residencia, centro de estudios o lugar de trabajo? Algo similar vivió en la antigüedad el salmista Asaf cuando exclamó: "En todos los rincones del país abunda la violencia" para entonces rogar: "que alaben tu nombre el pobre y el necesitado" (Sal. 74:20, 21 NVI). Incluso en los lugares tenebrosos de la tierra podremos apreciar las huellas de su amor eterno y descubrir nuevas canciones si nos hacemos el hábito de alabar a Dios cualesquiera sea la situación.
Alabanza a Dios por su plan perfecto
En Dios se conjugan pensamiento, palabra y obra, pues "El mandó, y existió" (v. 9). Emperadores, reyes, dictadores, gobernantes se han creído dioses y dueños de naciones pero al final Dios frustra sus designios (v. 10) en tanto lleva adelante los pensamientos propios (v. 11). Es decir, Dios no actúa por azar ni es caprichoso pues tiene un plan y un propósito. El verso 12 afirma que Dios bendice a la nación que se identifica con él. En el Nuevo Testamento queda claro que el creyente es un escogido de Dios que forma parte del pueblo de Dios (Ef. 2:13-22).
Alabar a Dios por su providencia
Desde los cielos el Dios de la vida y de la historia "nos mira a todos" (v. 13) conoce "a todos los habitantes de la tierra" (v. 14). Sus juicios no son parciales, él nos comprende pues "el formó la mente de todo ser humano" (v. 15). Los poderosos no entienden que de Dios es el poder y hacen de las riquezas y la fuerza sus dioses (v. 16, 17). Como en la ilustración del profeta Habacuc (1:13-17) que representa al ejército invasor (los caldeos) como un pescador que con su red arrastra los peces (pueblos conquistados) y luego va y ofrece sacrificios y quema incienso a su red (instrumentos de guerra). Ignoran -como le dijera Jesús a Pilato- que ninguna autoridad tendrían si no les fuese dada de arriba (Jn 19:11). Dios está en la trastienda de la historia y "cumple sus propósitos divinos, aún a pesar de y a través de las acciones de los pecadores" (J. Gonzalez).
Alabanzas a Dios con alegría
Dios mira a todas sus obras con un amor general y se regocija, pero de un modo muy particular "el ojo de Jehová" está sobre sus escogidos (v. 18) "para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en tiempo de hambre" (v. 19). Así que, una vez más alégrense, griten y alaben a Dios con gozo pues podemos vivir confiados. Es verdad que a veces parece no cumplirse su promesa pero es que por razones que sólo él conoce, en ocasiones "el Rey firma la licencia y les deja partir, y entonces su toque (el de la muerte) ya no es mortal... sino que mata nuestra mortalidad" (Spurgeon).

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