sábado, 3 de mayo de 2014

¡Un monstruo en la ventana!

Siendo hoy sábado me propongo escribir pensando en los más pequeños.

Estando mis hijos todavía pequeños, vivimos cierta experiencia con uno de ellos que se despertaba a diario muy asustado,  llorando y llamándonos con desespero cerca de la medianoche.
Una noche se despertó diciendo que veía algo moverse por la ventana. Pedí al Señor muy serenamente que me diera una palabra. Entré a la habitación y me senté con él en el sofá donde ellos solían sentarse para ver televisión.


-Hijo, tranquilízate -le dije- ¿por qué estás asustado?.
-Es que yo veo algo -respondió lloriqueando- que se mueve por la ventana.
-¿Pero qué es lo que ves? ¿Ves alguna persona?
-No, yo no sé qué es -respondió entre sollozos- pero yo veo que se mueve.
Guardé silencio por breves instantes y entonces exclamé:
-¡Ah, ya sé! Acabo de descubrir lo que se trata -le dije con seguridad mientras señalaba la enorme palmera frente al edificio- lo que ves es la palmera que el viento la mueve y su sombra en movimiento se ve por la ventana. Entonces tu crees que es un monstruo pero sólo es una palmera. 
Él se me quedaba mirando sorprendido. Entonces agregué:
-¿Sabes lo que le pasó una vez a los discípulos? En una ocasión ellos estuvieron en su barco durante toda la noche. Hacía mucho viento. Se escucha su silbido...  SSHHH... SSHHH... el barco se movía con el viento... y ¡de repente!...  siendo muy oscuro, ellos ven a lo lejos una sombra...

A estas alturas mi pequeño hijo que tendría 5 o 6 años había olvidado su propio temor y yo continué:

-Los discípulos ven aquella sombra en medio de la oscuridad de alguien que camina sobre el mar y sienten mucho miedo. ¿Sabes lo que pensaron? -pregunté- y el hijo me responde con la misma pregunta.
-No sé, ¿que pensaron?
-Pues los discípulos pensaron que era un fantasma y resulta que no era ningún fantasma, ¿Tú sabes quién era?
-No sé, ¿quién era?
-Bueno, la sombra que ellos veían era nada menos que el Señor Jesús y ellos asustados lo confundieron con un fantasma, ¿qué te parece?
El rostro de mi pequeño se iluminaba y el llanto había desaparecido. Entonces agregué:
-Así como los discípulos tú también te confundiste. ¡Ellos confundieron a Jesús con un fantasma! y tú confundiste la palmera con un monstruo.
Oramos juntos y pienso que con esa experiencia ambos aprendimos mucho sobre nuestros temores y particularmente tuve material para predicar en par de oportunidades que he tenido de dirigirme a grupos de niños en apoyo a ministerios infantiles. La historia referida de Jesús andando sobre al mar se encuentra en Mateo 14:22-27; Marcos 6:48-50 y Juan 6:19-21.

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