Somos los padres quienes tenemos la obligación impostergable de
instruir nuestros hijos en los caminos del Señor (Deuteronomio 6:4-9,
20, 21). Pero ante una sociedad disfuncional a causa del pecado la
Iglesia está llamada a traer luz y salvación a la gente.
Se
necesitan líderes, pastores y maestros que se dediquen a enseñar El Camino a la nueva
generación. Se estima que la mitad de la
población latinoamericana
oscila entre los 5 y 24 años de edad. ¿Y cuáles son sus condiciones de
vida?
Sin pretender ser exhaustivos, podemos señalar: i. Elevado índice
de deserción escolar con sus funestas consecuencias ii. Falta de calor
de hogar que se traduce en falta de pertenencia iii. Hogares
-¿hogares?- sin fundamento religioso iv. Padres solteros, madres solteras y hogares
disfuncionales v. Hogares evangélicos con hijos sin afecto y descarriados vi. Sociedad desmoralizada en todos los órdenes vii. Violencia generalizada: "torrentes de perversidad" -diría el salmista.
No
olvidemos que la mayoría de los grandes hombres que enriquecieron las
páginas de la historia de la Iglesia habiendo impactado a su generación y
la sociedad de su tiempo, fueron personas nacidas en hogares piadosos o
que consagraron sus vidas al Señor desde tierna edad. Podemos hacer
mención de Jonatán Edwards, Juan Wesley, David Brainerd, Juan Paton,
Hudson Taylor y ese intrépido santo del siglo pasado David Wilkerson,
por nombrar unos pocos. ¿Cómo podrían haber impactado a otros si
primero ellos mismos no hubiesen sido impactados por el evangelio?
Por
otra parte, se ha comprobado que la edad más apropiada para convertirse a
Cristo es durante la niñez y la adolescencia, incluso los
estadounidenses que son muy dados a la estadísticas han realizado
estudios al respecto y se concluye que mientras más adulta se hace la
persona, va disminuyendo la posibilidad de su conversión.
Vale la
pena invertir todos los recursos, todo nuestro esfuerzo, incluso dejar
la vida si es necesario en la evangelización de niños y adolescentes. Y
tener en la congregación gente idónea efectivamente capacitada que se
ocupen de su crecimiento en la fe y el desarrollo de su carácter cristiano mediante
la enseñanza de principios bíblicos y prácticos.
¿Qué se requiere
para ser maestro de niños y adolescentes? El primer requisito es que la
persona haya experimentado el nuevo nacimiento. Incluso aunque haya
tenido la dicha de nacer en un hogar cristiano, debe nacer otra vez como
dice la Biblia. El apóstol Pablo testifica de haber sido escogido por
Dios desde el vientre de su madre, pero hubo un tiempo oportuno en
que Cristo se le reveló. Ese es el orden divino: desde el vientre de tu
madre eres elegido pero en un momento determinado de tu vida es
necesario que tengas una revelación de Jesucristo. Entonces, cuando esto
ocurre, ya eres apto para servirle al Dios de la gloria (Gálatas
1:15-16) y si Él en su gracia te ha elegido para que le sirvas en el ministerio de la enseñanza, pues adelante, es hora de capacitarse para emprender la tarea.

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