viernes, 9 de mayo de 2014

SOMOS RESPONSABLES DE ESTA GENERACION

Somos los padres quienes tenemos la obligación impostergable de instruir nuestros hijos en los caminos del Señor (Deuteronomio 6:4-9, 20, 21). Pero ante una sociedad disfuncional a causa del pecado la Iglesia está llamada a traer luz y salvación a la gente.
Se necesitan líderes, pastores y maestros que se dediquen a enseñar El Camino a la nueva generación. Se estima que la mitad de la
población latinoamericana oscila entre los 5 y 24 años de edad. ¿Y cuáles son sus condiciones de vida?
Sin pretender ser exhaustivos, podemos señalar: i. Elevado índice de deserción escolar con sus funestas consecuencias  ii. Falta de calor de hogar que se traduce en falta de pertenencia  iii. Hogares -¿hogares?- sin fundamento religioso  iv. Padres solteros, madres solteras y hogares disfuncionales  v. Hogares evangélicos con hijos sin afecto y descarriados  vi. Sociedad desmoralizada en todos los órdenes  vii. Violencia generalizada: "torrentes de perversidad" -diría el salmista.
No olvidemos que la mayoría de los grandes hombres que enriquecieron las páginas de la historia de la Iglesia habiendo impactado a su generación y la sociedad de su tiempo, fueron personas nacidas en hogares piadosos o que consagraron sus vidas al Señor desde tierna edad. Podemos hacer mención de Jonatán Edwards, Juan Wesley, David Brainerd, Juan Paton, Hudson Taylor y ese intrépido santo del siglo pasado David Wilkerson, por nombrar unos pocos. ¿Cómo podrían haber impactado a otros si primero ellos mismos no hubiesen sido impactados por el evangelio?
Por otra parte, se ha comprobado que la edad más apropiada para convertirse a Cristo es durante la niñez y la adolescencia, incluso los estadounidenses que son muy dados a la estadísticas han realizado estudios al respecto y se concluye que mientras más adulta se hace la persona, va disminuyendo la posibilidad de su conversión.
Vale la pena invertir todos los recursos, todo nuestro esfuerzo, incluso dejar la vida si es necesario en la evangelización de niños y adolescentes. Y tener en la congregación gente idónea efectivamente capacitada que se ocupen de su crecimiento en la fe y el desarrollo de su carácter cristiano mediante la enseñanza de principios bíblicos y prácticos.
¿Qué se requiere para ser maestro de niños y adolescentes? El primer requisito es que la persona haya experimentado el nuevo nacimiento. Incluso aunque haya tenido la dicha de nacer en un hogar cristiano, debe nacer otra vez como dice la Biblia. El apóstol Pablo testifica de haber sido escogido por Dios desde el vientre de su madre, pero hubo un tiempo oportuno en que Cristo se le reveló. Ese es el orden divino: desde el vientre de tu madre eres elegido pero en un momento determinado de tu vida es necesario que tengas una revelación de Jesucristo. Entonces, cuando esto ocurre, ya eres apto para servirle al Dios de la gloria (Gálatas 1:15-16) y si Él en su gracia te ha elegido para que le sirvas en el ministerio de la enseñanza, pues adelante, es hora de capacitarse para emprender la tarea.

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