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miércoles, 23 de marzo de 2016

UN AÑO... OTRO AÑO... MUCHÍSIMOS AÑOS?

¡Cuánto nos cuesta a veces tomar una decisión! Se dice que la toma de decisiones es uno de los procesos más difíciles que enfrenta el ser humano. Y se dice también que la vida es el resultado del cúmulo de decisiones que tomamos a diario, como advierte el poeta Rubén Blades en su célebre canción:

                        Decisiones
                        cada día
                        alguien pierde, alguien gana,
                        ave María
                        decisiones, todo cuesta
                        vengan y hagan sus apuestas
                        ¡Ciudadanía!
Por supuesto que lo complejo de tomar decisiones variará de una persona a otra y mucho tiene que ver la personalidad así como su independencia o autonomía y seguramente la educación, formación religiosa, manejo de información, etc.
LA ADOLESCENCIA
Si quienes dejamos esa transición unos kilómetros atrás hemos sido honestos con  nosotros mismos, seguramente habremos reflexionado por lo menos alguna vez sobre decisiones que tomamos en ese tramo de la vida cuyos resultados nos han acompañado durante todo el camino.
Pero la complejidad de tomar decisiones no se desvanece con la adolescencia. Estudiosos de la conducta humana hablan de actitudes que asume un infante a la muy corta edad de cinco años que determinan el carácter de ese individuo para toda la vida. Día a día, sin distingo de edad y mientras vivamos en este planeta tenemos el imperativo de tomar decisiones.
INDECISIONES
¿Y qué de aquellas decisiones que hemos aplazado o postergado indefinidamente? El no tomar una decisión oportuna pesa más que una mala decisión. Pienso por ejemplo en aquella pareja que todo parecía indicar fueron hechos el uno para el otro y sin embargo por falta de iniciativa pasaron lo años, se perdió el entusiasmo y todo quedó en "veremos". Otro ejemplo: el negocio que quise hacer, pero no sé, no me atreví, me quedé pensando y vino alguien y me "robó" la idea. Indecisiones: cada día alguien pierde...
EL AGUACATE MACHO
En el Evangelio de Lucas encontramos un relato que hizo Jesús acerca de un hombre que tenía sembrada una higuera en su viñedo y estuvo viniendo durante tres años a ver si recogía algunos higos y nada. Esto me hace recordar la mata de aguacate que tenía mi mamá en la casa donde crecí. A decir verdad aquella mata y yo crecimos juntos y yo sabía que era de aguacate por mi mamá. Ella la quería tanto y la cuidaba con la ilusión de comer aguacate, cosa que nunca ocurrió. Mas cuál no fue su enojo cuando alguien señaló que aquella mata era un "aguacate macho" y por eso no floreaba ni daba fruto.
UN AÑO MÁS
Lo mismo pasaba con la higuera, por lo que el dueño del viñedo -escribe Lucas- dio la orden de arrancarla para que no estuviese inutilizando el terreno. Entonces el encargado del viñedo solicitó dejarla sembrada un año más para durante ese tiempo aflojarle la tierra y abonarla y ver si daba higos en la siguiente cosecha. De no ser así, la arrancaría.
EL TIEMPO PRECISO
Las palabras claves del relato las coloca Lucas en boca del encargado del viñedo: -un año más. Siendo que nuestra vida es finita y vivimos a merced de la tiranía del tiempo, no podemos darnos el lujo de postergar indefinidamente decisiones que son de suma importancia, especialmente en cuanto tenga que ver con nuestra salud física y espiritual, la familia y nuestra calidad de vida.
Es muy triste que nuestra mente y nuestra boca estén llenas constantemente de expresiones como "si lo hubiera dicho", "si lo hubiese hecho", "¿por qué lo dije o lo hice así?", "¿por qué dejé pasar la oportunidad?", etcétera.
EL TIEMPO NECESARIO
Mi pastor suele decir que si él tiene algo pendiente y lo puede hacer hoy mismo no lo deja para mañana. La Biblia no dice que pasó finalmente con la higuera pero el encargado del viñedo estaba claro: -me doy un plazo para arrancarla o no, el tiempo necesario para hacer lo que debo hacer.
Hay decisiones que tal vez no pueda tomarlas hoy, pero me doy un plazo. Ya sea una semana, un mes o un año. El tiempo necesario para introducir o gestionar determinado documento, producir cierta cantidad de dinero, tomar un préstamo o arriendo, pagar determinada deuda, culminar un semestre en la universidad, terminar el bachillerato, etcétera. Lo que no me debo permitir es vivir para siempre como aguacate macho o higuera estéril.
ABONAR EL TERRENO
Algunas personas nos cuesta decidir el sabor de un helado o determinado plato en un restaurante y hay personas que sencillamente se paralizan a la hora de tomar una decisión. Como en el relato o parábola de la higuera estéril, hay que preparar y abonar el terreno:
1. No permitir que errores del pasado ocupen tanto espacio en nuestro viñedo.
2. No dejar que el miedo a lo desconocido nos paralice.
3. Tener fe en Dios que es lo opuesto a tener miedo.
4. Confiar menos en nuestro presupuesto y mucho más en los recursos divinamente provistos. La misma naturaleza nos habla de los cuidados de Dios en favor de sus hijos.

Basado en Lucas 13: 6 al 9.

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