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sábado, 3 de enero de 2015

LO QUE PRODUCE UN PENSAMIENTO

Toda acción humana empieza con una idea, un plan, un designio, un proyecto, un pensamiento que con determinación se lleva a cabo. Una y otra vez lo hemos oido: todo comienza en la mente. Nuestros pensamientos condicionan nuestra conducta, forjan nuestro carácter y finalmente nuestro destino. Bien lo dice el proverbista: "porque cual es su pensamiento en su mente, tal es él" (Prov. 23:7 RVA).
El salmo 139 es un cántico de acción de gracias y declaración de confianza de uno que abrumado por las calumnias y ataques de sus enemigos y no encontrando manera de esclarecer su situación delante de los hombres acude ante Yahvé con la petición: "Dios mío, mira en el fondo de mi corazón, y pon a prueba mis pensamientos" (v. 23 TLA). 

Exámen de la mente
Los piadosos en momentos de sufrimiento no temen ser examinados por "el Dios justo [que] prueba los corazones y las mentes" (Salmo 7:9b LBLA). El orante sabiendo que los pensamientos determinan lo que somos, luego de pedir ser examinado también ruega: "Dime si mi conducta no te agrada, y enséñame a vivir como quieres que yo viva" (v. 24 TLA).
Quien no la debe no la teme 
Aquí aplica a cabalidad el dicho popular. La expresión examinar, escudriñar de Salmos 139 viene del hebreo que se traduce cavar y se refiere a la búsqueda de metales preciosos como en Job 28:3 "El minero ha puesto fin a las tinieblas: hurga en los rincones más apartados, busca piedras en la más densa oscuridad" (NVI). Con la tenacidad de un minero, el Padre celestial hurga entre sus criaturas "para fortalecer a aquellos cuyo corazón es completamente suyo" (2 Crónicas 16:9 LBLA). 
¿Pensamientos divinos?
El salmista empieza hablando de mis pensamientos que Dios debe examinar (v. 23) y de hecho entiende o comprende desde lejos (v. 2). Luego habla como quien ha pasado el exámen y deja de prestar atención a sus propias inquietudes pues ha descubierto que es mucho más interesante y provechoso pensar los pensamientos divinos: "¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!" (v. 17a). Ahora se siente embelesado meditando en cómo Dios hizo de él una criatura única y maravillosa. ¡Aleluya! -parece decir el salmista- "¡Cuán inmensa es la suma de ellos!".
¿Qué hago con estos pensamientos?
Al llegar al punto en que ambos pensamientos se cruzan, es preciso decidir entre vivir la vida siguiendo la corriente de pensamientos humanos o ser guiados por el pensamiento de Dios revelado en su Palabra (la Biblia). Recordemos aquello de que:
Por falta de un clavo se perdió una herradura,
    por falta de una herradura, se perdió un caballo, 
    por falta de un caballo, se perdió una batalla, 
    por falta de una batalla, se perdió un reino,
    y todo por falta de un clavo de herradura.
Y todo por falta de un clavo...
Algo tan simple, ¿no? lo mismo ocurre con los pensamientos. Narra la Biblia que luego de la muerte del rey Salomón el reino se dividió quedando el Reino de Israel (diez tribus del norte) bajo el mando de Jeroboam y el Reino de Judá (Judá y Benjamín) bajo el mando de Roboam.
Entonces Jeroboam pensó: «Si el pueblo va a ofrecer sacrificios al templo de Dios que está en Jerusalén, va a encariñarse con Roboam, el rey de Judá, y luego me matarán y lo nombrarán rey. Entonces la familia de David volverá a reinar sobre nuestras diez tribus» (1 Reyes 12:26-27 TLA). LLevado por este pensamiento Jeroboam decidió hacer dos toros de oro en representación de Dios poniendo uno en la ciudad de Betel y otro en Dan e instituyó un sistema de culto alternativo contrario a las ordenanzas divinamente establecidas "y el pueblo pecó contra Dios" (v. 30). 
Un pensamiento... un destino
¡Cuánto mal puede causar un pensamiento mal dirigido! Jeroboam es reconocido en los anales bíblicos como el rey malvado que "hizo pecar a Israel" (2 Reyes 10:31) atrayendo sobre la nación su ruina moral y finalmente su destrucción 200 años después bajo el imperio asirio. Todo empezó con el pensamiento de un hombre.
Lo terrible es que Jeroboam había recibido una palabra profética de que sería rey de Israel y si obedecía a Dios su reino sería estable (1 reyes 11:29-39). Pero despreció la palabra que Dios le había entregado y se dejó llevar por su imaginación.
La historia está llena de Jeroboames cuyos pensamientos los ha llevado a construir estructuras de poder incluso con matices religiosos y han logrado cautivar multitudes con ofertas engañosas ante lo cual debemos recordar lo que dice el Espíritu Santo: "No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto" (Romanos 12:2 DHH).

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