sábado, 23 de agosto de 2014

¡Le sacó la piedra!

Otro sábado pensando en los más pequeños...


Asentados en el campamento llevaban más de un mes escuchando sus insultos. Todos los días -en la mañana y en la tarde- era la misma cosa; aquel gigantón parado al pie de la ladera profiriendo amenazas y desafiando a que saliera algún hombre que se atreviera enfrentarlo cuerpo a cuerpo.

Más todos los hombres destacados en el valle de Ela estaban muertos de miedo. Incluso el monarca, quien en un intento por subir la moral de sus soldados prometía hacer rico y ceder su hija en matrimonio al valiente que venciera aquel parlanchín.

Pero se trataba de un auténtico paladín que medía como tres metros de estatura. Si, era mucho más alto que Michael Jordan o cualquier otro jugador de la NBA. Y como los guerreros de su tiempo, llevaba un casco de bronce sobre su cabeza y cubría su cuerpo con una especie de malla con láminas de bronce que pesaba más de 50 kilogramos. Su lanza medía un metro y medio de largo y solamente la punta de la lanza que era de hierro superaba los 7 kilogramos. Con razón el rey Saúl ofrecía tan alta recompensa.

Entonces aparece en escena un muchacho hijo de una buena familia de la ciudad de Belén. De buen semblante, pero todavía de mejor carácter. Un jovencito que estaba destinado a ser el próximo rey de Israel. David llegó al campamento justo el momento cuando el gigante Goliath repetía sus amenazas: -¡Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí! Si me vence, nosotros seremos sus esclavos. Pero si yo lo venzo, ustedes serán nuestros esclavos...

¡Tamaña calentera se apoderó del futuro rey! "¿Quién es este filisteo pagano, al que se le permite desafiar a los ejércitos del Dios viviente?" -expresó. Una mezcla de fe e indignación santa se apoderó de él y lo impulsó a enfrentar al gigantón.

Al verlo Goliath, lo despreció y lo maldijo amenazando con matarle y darle de comer su carne a las aves. Mientras el gigante vociferaba, el joven David metió la mano en su bolsa de pastor, sacó una piedra, la lanzó con su honda y golpeó al filisteo en la frente. La piedra se le incrustó allí y Goliat se tambaleó y cayó de cara al suelo. Después David corrió y sacó de su vaina la espada de Goliat y la usó para matarlo y cortarle la cabeza.  

Así David triunfó sobre el filisteo con sólo una honda y una piedra, porque no tenía espada. Él mismo se lo advirtió: -Tú vienes á mí con espada y lanza y escudo; mas yo vengo á ti en el nombre de Jehová de los ejércitos... y yo te venceré.

La incredulidad crea cobardes. Eso fue lo que pasó con el rey Saúl y sus hombres. En cambio el joven David antepuso su confianza en Dios a lo desconocido y a su falta de experiencia. Él jamás había utilizado coraza ni espada. Posiblemente nunca había visto un gigante. Pero tenía la convicción de que Jehová, sin espada y sin lanza, les entregaría al gigante. Y así fue.

Puedes leer la historia completa en la Biblia, Primer Libro de Samuel capítulo 17.

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